 | Cuando te pones la camiseta y sales a jugar te habrás fijado mil veces que a la izquierda luce un escudo, el escudo que defiendes, el escudo de tu club, de la Unión Deportiva Bellavista. Llevarlo es un orgullo al mismo tiempo que una responsabilidad que va más allá de lo que te puedas imaginar, incluso más allá del campo de fútbol. Es un escudo que llevan más de trescientos jugadores cada fin de semana, es un escudo que define y es seña de identidad de muchísima gente. Es un escudo que hay que defender no sólo en el terreno de juego, es un escudo que hay que saber llevarlo también fuera. De nada sirve ser el mejor jugador del equipo, de la categoría, del mundo se hace falta si nuestra forma de actuar ensucia ese escudo. Y es que el escudo pesa, porque pesa esa responsabilidad, y es tan fácil echar por tierra ese escudo como difícil mantenerlo limpio. Cada jugador, técnico, directivo o padre o madre tiene que ser consciente de que una actitud negativa es capaz de perjudicar a todo un colectivo que lleva a gala que jugar al fútbol no es pelearse por que sí, no es demostrar a gritos que se lleva razón, no es el "vale todo", ni el ajustar cuentas, no cabe el insulto, ni la provocación, ni la falta de respeto. Ese escudo también hace que nuestro paso por el Bellavista no se limite a darle patadas a un balón, eso lo hace cualquiera. Lleva a ser hospitalario con quien nos visita, a dejar las cosas del campo en el campo, a dar la mano de corazón al final del partido, a cuidar las instalaciones que se han levantado durante más de 30 años por cientos de personas, dejando sudor y esfuerzo. En definitiva, a crecer como personas que van a un partido a disfrutar, aunque se pierda por 15 a 0. Desde los poquitos años de los que empiezan hasta los veteranos, nuestro escudo dice de nosotros muchas cosas, somos los embajadores en otros campos, barrios y pueblos de la Unión Deportiva Bellavista. Nuestro comportamiento condicionará el trato a los que vengan después y lo que piensen de nosotros fuera. Si eso no nos importa es que el escudo que llevamos al lado del corazón tampoco. Por ello, sino somos dignos de llevarlo deberíamos pensar si sería mejor quitárnos y dedicarnos a otra cosa. |